viernes, noviembre 11, 2005

otras vidas, otras lenguas

Pensaba en tu lengua sobre mi lengua, unos de los momentos mas excelsos que Díos ha tenido para conmigo, pero entonces al saber que deba a esperar mi turno, por la sobre demanda en el mercado de tus besos, me da flojera y prefiero entonces irme al parque a ver las palomas cagar.
Creo que Dios, ha de dispensarme otro obsequio, una nueva lengua, con una fantástica amalgama de sabores, que ni tú sobrada experiencia puedas conocer, a mi juicio he alcanzado más de un 80 en conducta en esta, la última encarnación. Nunca nadie iba a esperar eso de mí, ni mi madre.
Nos besamos, si me dan otra vida.

jueves, noviembre 03, 2005

milagro

Tenía los ojos clavados en la nada, un ligero gesto de dolor, le hacía parecer viva, a pesar de la llaga que mordía su tobillo y la parte superior del cuello. La dejaron tirada en el mueble mientras sus hijos intentaban cambiar un cheque del extranjero a nombre de ella, pues el banco le exigía el cadáver, aunque no podía firmar, no por su condición física, si no por la de su alfabeto. Yo también acompañaba a Janio en su habitual martirio bancario quincenal, y a Señora (Que le cabe bien el nombre de Dolores) procuraba seguir agonizando en el mueble de oscura piel. Mis manos palpitaron, con ganas de estrangularle el dolor a Dolores y con un mantram poderoso suturar las heridas con el mínimo roce de mis dedos, fue cuando me acordé que no era Dios, y que tampoco, nunca he pretendido serlo, el Dios verdadero marcha ocupado concentrado su ira para la destrucción del mundo. Sin otro remedio que la impotencia ante la soledad descubría lo inútil del poder cuando no se sirve. Marqué el 1411 para solicitar en numero de un pastor enérgico (aunque simulado) que hiciera milagros a domicilio. Nunca comprendo las cuentiones divinas, tampoco entiendo mi fijación intursa en esos avíos.

miércoles, noviembre 02, 2005

eso

La misma noche que se recoge en el oscuro café y me deja en vilo esperando una llamada.

martes, noviembre 01, 2005

en las alturas

A veces suelo acomodarme en las alturas, para reposar el vértigo, pero mis pies aunque con espasmos, siguen haciendo los gestos de andar, pretendiendo avanzar sobre las nubes. He vuelto de rincón más cercano, que una vez fabricara con simples miedos, como la guarida oficial para las noches frías del desierto, pero pasó un segundo y me dejó el sol detrás, a unos cuantos años luz, debo dejar la casa para alcanzarle. No dormía, sólo soñaba, el afecto siempre te hace despertar. He vuelto, continúa la excitante caída.